VULGO RELATOS Trampa móvil en modo interna

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VULGO RELATOS

Trampa móvil en modo interna

AÑO 2017: Unas chicas jóvenes, unas adolescentes pegadas al teléfono móvil con internet, pasan horas cada día sentadas en la escalera del exterior de su inmensa oficina.

Con el tiempo surge la conversación. Pasan las semanas y parece como que le buscan, en invierno y en verano.

Siempre preguntan sobre las mismas cosas…  les llegó hasta a regalar un libro para personas de su edad en el que se habla de lo bueno y de lo negativo de la dependencia digital personal.

Todo terminó un día que sucedió algo extraño. Algo que interpretó como una performance de chiquillas con anomalía de comportamiento en uno de los dos casos.

Esta vez, entraron a saco. No se quedaron en la puerta a hablar como siempre, en los escalones exteriores de la oficina. Según se acercó el hombre, una inició conversación teléfono móvil en mano y, guau, se meten con él en su zona de trabajo. Entran por la puerta como pedro por su casa.

Parece que, como siempre, quieren consejo sobre algo, pero la más grandota pregunta directamente si le gusta la otra ‘chica’. Le contesta de forma pausada y didáctica que no y que no es apropiado, pero que no dejen de ir a la universidad cuando terminen el bachiller: Son sólo cuatro años y eso lo cambia todo a mejor.

El hombre les dice que tiene que salir un rato a otro edificio cercano, ellas no hacen ningún gesto de salir… les dice que dejen la puerta en posición de cerrada cuando se vayan.

El hombre hace la gestión, necesitaba entrar en un ordenador en la otra oficina.  Mira cada poco a la puerta del edificio, desde el otro,  esperando que salgan las dos chicas si no lo han hecho ya.

Pasa el tiempo, minutos y minutos y se extraña. Empieza a pensar que algo raro pasa.

Se acerca de nuevo y al entrar ve que las luces están apagadas. Da una voz, son tres plantas y bajo grande diáfano, y no contesta nadie.  Decidido a cerrar la puerta con llave para irse a casa, ve que aún entra luz de la calle hacia la zona del gran billar de su padre en el que juega a diario. Decide aprovechar un poco para jugar sin gastar luz.

Al rato de la primera carambola, escucha como un ruido al fondo en la escalera grande que da a la planta uno. Se acerca con el taco en la mano.  Desde la oscuridad aparecen desde lo alto las sombras de las dos chiquillas con una luz de linterna.

 

Ah, estáis aquí. El hombre, relajado, regresa hacia su mesa de billar francés. Según se dispone a dar a la bola de nuevo, ve que las chicas  no le han seguido.

A unos quince metros de él, avanzan lentamente como rodando un travelling de cine con la linterna.

Una avanza despacio en la oscuridad hacia la puerta de la calle, con un brazo lleva a su compañera agarrada de la cintura del pantalón y la otra camina marcha atrás con la linterna apuntando hacia la zona de la escalera que quedó atrás ya hace unos 15 metros.

La grandita, la de la linterna que tal vez sea la luz de un teléfono móvil, pronuncia unas palabras como con tono de tensión y susurro. La otra chica, la que la lleva como a rastras, aparece con perfil y gesto de escéptica; llegan a la puerta y salen del edificio.

Qué curioso fue todo. Muy curioso.

El hombre interpreta que son dos pequeñas personas en formación que manifiestan un comportamiento condicionado por  el acceso demasiado temprano a un dispositivo móvil con internet y a las alteraciones de carácter que da la exposición personal digital en esas edades.

Pero, ¿y si fue una trampa? ¿Una iniciativa de algún adulto?

Si esto es así: Se las pusieron, y varias veces, para ver si el hombre se convierte en un monstruo. No para confirmar que no lo es. ¿Intentan crear un delincuente donde no lo hay?  ¿Y si los delincuentes, o aspirantes a serlo, resulta que son ellos? REDACCIÓN VULGO RELATOS

 


AÑOS 2019, 2020 y 2022: Y pasan los años y la grandona vuelve a darse importancia activando mensajes y hasta personas, en pose similar, no dudan en esperar y esperar hasta lograr sacarle una instantánea para activar el bucle de nuevo. Están como seres enloquecidos con su cacería digital.

Tal vez alguna se ponga, con educación y medida ,  como de ‘cebo vivo’ para constatar que la grandona manipula y simula.  Eso sería una genialidad !

 

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